No era Merlot, era Carmènere

La virtud de Chile es que debido a sus diferentes suelos y por tratarse de un país extenso que tiene diferentes climas a lo largo, incluso a lo ancho, se encuentran muchas variedades de uva, pero la Carmènere es casi exclusiva de esta nación.

Cabernet Sauvignon, Shiraz, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Merlot tienen buena expresión en el país sudamericano, pero casualmente a principios de los años 1990 se dieron cuenta que la Merlot de repente daba vinos diferentes.

Un profesor de las más afamadas escuelas de enología en Montpellier estudió algunas viñas plantadas que parecían no corresponder a la Merlot. Como cualquier viña estudió la forma y nervaduras de las hojas, ya que es la mejor forma de establecer con precisión qué variedad se trata.

En 1994 se llegó a la conclusión que estas plantas mezcladas con Merlot era de una cepa llamada Carmènere en Francia que en el país galo prácticamente había desaparecido tras la filoxera. De hecho lo poco que quedaba se usaba para complementar algunos vinos franceses, pero no tenía relevancia.

Por el contrario, en Chile cobró fama porque se separaron las viñas y se comenzó a hacer vino con esta nueva cepa que agradó mucho.

En la actualidad no es la uva preponderante de Chile, se planta mucho más de las demás, pero se ha convertido en la única nación que realmente comercializa vinos con esta variedad. En Italia también se encontraron plantas de Carmènere, pero tampoco resultó relevante desarrollarla.

Una de las características de la uva es que tiene en su expresión mucho aroma a pimiento (piracina) que en exceso es bastante desagradable. Por eso, en Chile se ha logrado controlar este defecto para convertirlo en atributo, ya que en un buen vino estará presente pero de forma sutil.

En La Naval tenemos diferentes ejemplos en las bodegas Ramirana y Viña Las Niñas, ambas de la zona de Apalta, ya sea de la uva sola o mezclada principalmente con Cabernet Sauvignon que es su mejor compañera.

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Calidad del Cono Sur

Chile fue el primer país sudamericano en irrumpir de forma contundente en el mundo del vino internacional. En principio sus precios accesibles y su gran producción fue lo que hizo llamar la atención de los mercados, hoy ha elevado su calidad para competir con muchos otros países.

La ubicación de la mayoría de los valles en Chile tiene grandes beneficios para que las viñas crezcan de forma saludable y den frutos de calidad.

Por un extremo estas zonas reciben la brisa fría que baja de la cordillera de Los Andes que es el límite con Argentina. Por el otro llega la brisa fresca del mar, donde la temperatura del agua está a 15 grados Celsius gracias a la corriente de Humboldt que transita por el Océano Pacífico.

Ambas refrescan a la viñas durante los días de verano que llegan a ser muy cálidos en ocasiones.

Gracias a la cordillera llega el agua, generalmente de deshielo, o en las planicies se puede hacer un pozo y es fácil encontrarla.

Las barreras que crean la cordillera por el este, el mar al oeste, los glaciares al sur y el desierto al norte ayudaron a que estas tierras no recibieran la filoxera (plaga que ataca a las raíces de las plantas y puede erradicarse al hacer injertos), misma que destruyó viñedos europeos hacia finales del siglo 19.

El clima no llega a ser tan extremo como sucede en Europa, aunque el frío de la noche contribuye a que los azúcares de los frutos se concentren mejor y aporten sabor al producto final.

Chile es un paraíso del vino porque muchas variedades de uva se pueden cultivar en sus diferentes valles y por eso la diversidad en la oferta es tan amplia.

Recuerda que julio es el mes en que bodegas como Viña Las Niñas, Ramirana, Alvinde y Carmen te bonifican el 20% de su costo en tarjeta Almirante. Llegó el mes en que debes conocer las propuestas de vino chilenas.

 

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